Por Marina Beresñak
Una vez que nos quedamos solos, empiezan a surgir (quién sabe de dónde) nombres de autores, títulos, temas, que nos apasionaron y nos interesaron muchísimo. Curiosamente, cuando nos lo pidieron, no recomendamos ninguno de esos.
Por eso, acá ofrecemos unas pequeñas y modestas instrucciones (cualquier similitud con Cortázar no es coincidencia) para recomendar libros.
1. Piense en los libros que lo marcaron, a cualquier edad y en cualquier momento de su vida.
2. No reserve los grandes clásicos para los adultos, son libros que no por nada son bien acogidos en todas las épocas.
3. Pregúntele a su interlocutor por sus intereses, qué le gusta leer, qué temáticas, género, lo que se le ocurra que puede guiarlo a usted en su recomendación. Sin embargo, no se limite a recomendar solamente pensando en el otro. Muchas veces, lo que a usted le gustó puede resultar algo novedoso y agradable para su interlocutor. La literatura abre nuevos mundos.
4. Recuerde transmitir el entusiasmo que los libros le generaron. Y recuérdele a su amigo, amiga, colega, colego, novio, novia, esposo, esposa, amante, amante, que libro que no le guste, libro que debe dejar de inmediato y empezar con otro. Sucede lo mismo que con el psicólogo. Si no gusta, hay que cambiar de psicólogo, pero no por eso dejar de analizarse.
5. Leer Puig, Quiroga, Cortázar, Borges, Bolaño, Girondo, Pirandello, Calvino, Tabbuchi, Alvaro Yunque, Saer, Mansilla, Jane Austen, Oscar Wilde, y más clásicos…
Como dice un buen profesor cuyo nombre reservamos, “La crítica se encarga de rescatar”. Juguemos a ser críticos, todos, y rescatemos esos libros que nos apasionaron.
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